Por mucho que hayamos leído y escuchado la
frase - A 40 años del golpe - no terminamos de indagar en todos los puntos en
que ha repercutido. Debemos entender que esta fecha no fue un hito por si solo,
sino que tiene una historia anterior y una posterior.
40 años han pasado desde que el modelo
neoliberal se instauró a la fuerza en Chile. La Educación perdió todo su
significado social y la mercancía penetró en sus formas más horrorosas, llegando
a instalarse como bien de consumo. El valor del individuo salió a relucirse
brillantemente. Se pusieron entonces dos ideas en enfrentamiento: la del
individuo contra todo obstáculo, contra todo conjunto de individuos organizados
que pudieran impedir alcanzar un desarrollo personal y, por otro lado, la lucha del
pueblo entero por defender lo que se le estaba arrebatando, el derecho al
desarrollo como sociedad.
Una nueva sociedad implicaba nuevas
formas de relacionarnos en un sistema donde la interacción cooperativa de las partes rindiera más frutos que el desarrollo potencial de cada una. Estas formas serían la clave para asegurar los derechos para todos. En ese
sentido pueden visualizar dos caminos o formas: Ya sea la de un Estado
asegurador de estos derechos desde una vía democrática institucional o desde
una vía más periférica donde el pueblo mismo es protagonista de la construcción
de estos derechos, llamémoslo autogestión o Poder Popular. Es importante señalar que en
los años de la Unidad Popular, entre 1970 y 1973, estas vías no eran
excluyentes y faltaba mucho para que alguna de las dos se fortaleciera lo suficiente como para extinguir a la otra. La promulgación de la constitución de 1980, redactada
autoritariamente era incapaz de representar en lo más mínimo una soberanía popular y terminaba de dilapidar así, entre otros, uno de los casos más simbólicos en cuanto a su proyecto de sociedad y el correspondiente desmantelamiento forjado por quienes veían en esto la posibilidad real de la pérdida de su poder.
El caso de la
Educación, lo que era.
La educación hoy debe cumplir el rol de
derecho, entendido como un proceso dinámico de adquisición de conocimientos y
herramientas que permiten construir a un individuo, a partir de la reflexión
que nace de la toma de conciencia de la comunidad que se integra a la
institucionalidad, en algunos casos esenciales. Permitiendo en un intercambio
continuo, una vida colectiva. Esto en concreto significa que las comunidades
sean una parte activa y protagónica en todo momento, desde la definición de la
formación y el curriculum a través de la gestión hasta la elección de
personalidades representativas y la toma decisiones de la institución, permeabilizando el acceso a esta.
A fines de los 60 se venía gestando la
reforma. Fue precisamente en la Universidad de Chile donde se empezó luchando
contra el autoritarismo, figuras de autoridad heredadas de antaño. Esto dio paso a una crítica propositiva, como la defensa del rol de universidad y su
vinculación con la comunidad. La reforma se encaminaba a abrirse a esos
espacios, a ir conquistando una participación horizontal. Se estaba en pie de
ampliar una universidad para todos y entregar ese poder al pueblo, el poder de
un conocimiento libre y emancipador.
Y así, la democracia avanzaba a pasos
agigantados a lo largo del país alcanzando, en la reforma del 71 de nuestra
Universidad, un 10% de participación en el caso de los funcionarios y un 25% de
los estudiantes a la hora de votar. Esto se representaba en los distintos
organismos como el mismo Consejo de reforma, asambleas y plenos. Los
estudiantes incidían desde dentro en las políticas universitarias, de esta
forma a nivel nacional se estaba logrando aumentar la matrículas, ampliando el
acceso a los distintos sectores y aumentando los recursos fiscales para estos
fines, que ya no serían simplemente demandas, sino que se dirigían por fin a
entregar, la herramienta de la liberación, la educación.
La facultad de medicina se abría para
entregársela a los trabajadores de la salud, cumpliendo con el rol de sentido público
o de simplemente educar a quienes lo necesitan para un fin colectivo. Se estaba
superando la segmentación y segregación del sistema, y favoreciendo el acceso.
¿Qué sucedió?
En lo concreto, el desmantelamiento de la
educación pública: La apertura de nuevas instituciones y la reestructuración de
las que ya existían. Nuevas universidades, cuyo proyecto nada tuviera que ver con uno
de país y que estaban en manos de privados, crecían sin control gracias a la
‘’Libertad de Enseñanza’’. Lo mismo pasaba a nivel escolar con la creación de
Colegios privados y subvencionados donde se legitimaba el lucro. Se perdió una
descentralización eficaz al quitarle la autonomía y los recursos a los órganos
municipales, que permitía vincularse más a las comunidades de cada territorio.
Se fragmentó la Chile, disolviendo su proyecto y sustento económico público,
obligándola al autofinanciamiento y la entrada al mercado. Los nuevos estatutos
alcanzados en la reforma no llegan a materializarse. La instalación de nuevas
universidades, todas privadas, no iba acompañada de un aseguramiento de su
democracia interna, sino que todo lo contrario, se prohibe consagrado con el
DFL 2 la participación de estudiantes y de funcionarios.
Se obligó a competir entre la educación pública
debilitada y la privada, a la cual se le asignaban curiosamente más libertades
y por lo tanto condiciones para desarrollarse.
En lo valórico, esta obligada competencia
dada no sólo por las leyes del mercado, sino también por la misma
institucionalidad es una de las causas de consolidación de un sistema que no da
respiro para poder pensar en una sociedad diferente donde la cooperación y la
libertad de las personas sean el motor de nuestro desarrollo y evolución. En
contraparte la búsqueda de la sobrevivencia a través del egoísmo y la
satisfacción a corto plazo dan mayor sustento a lo que vivimos hoy. Ahora, bien
sabemos que si un sistema impuesto ha calado hondo y transgredido los
valores, es necesario empezar a cambiar el sistema desde los misma matriz
valórica y su consagración para hacer los cambios que permitan recuperar o
construir la sociedad que queremos.
¿Alguna solución?
Es necesario simplificar el significado del
concepto de democratización, como el proceso en el cual la comunidad se hace
parte de las decisiones que van a repercutir en ella misma.
Definido ya que el problema está en la
estructura del sistema como raíz, es ahí donde debemos atacar para acabar con
él ¿Y cómo entonces? La táctica radicará en nuestro contexto particular y
territorial, de ahí la importancia a hacer buenas lecturas acerca del momento
en que nos encontramos.
Estos exige en primer lugar, superar las
puras demandas y las prácticas peticionistas, no tiene un gran valor
transformador, siquiera, el construir propuestas para entregárselas o reclamarlas a ‘’quienes
saben’’ y ostentan el poder, pero que nada hacen para cambiar las coas. Así, no es por puro capricho que se rechaza esta vía, sino porque
somos nosotros quienes conocemos nuestro espacio y territorio, quienes
participamos de él. No depende de nadie más que nosotros. Empezar a gestar
desde ahí la autonomía e independencia de este Estado que además de ser por
esencia un ente rígido -reflejado en la estructura universitaria- hoy y desde
hace años está controlado por gobiernos que tratan de fortalecerlo más para sus
intereses. Esa es nuestra tarea, desestabilizarlo a la vez que las comunidades
se van empoderando e independizando, desprendiéndose de las jerarquías autoritaristas
para a largo plazo acabar con su dependencia, una ganada que se da de facto y
jamás por la acogida de un petitorio que irá a llenarse de polvo. He ahí el
error en el que siempre se tiende a caer en los procesos acotados de
movilización.
La tarea está clara, nada de lo que nos robaron
ha sido devuelto, los mismos ideales por los que miles murieron y
desaparecieron en plena lucha siguen vigentes. Pero hoy no vamos a seguir
gritándole al viento, hoy depende de nosotros y de nadie más que nosotros mismos
el recuperar y de una vez por todas instalar en cada uno de los niveles nuestro
proyecto liberador de sociedad. Esto es posible, sólo hay que abrir los ojos a
lo que alguna vez fue, hoy encontramos esos anhelos en cada uno, somos la
generación sin miedo, la que creció en plena fortificación de este sistema y
que sin haber vivido el hito y proceso del retroceso sabemos lo que hay que
hacer para alcanzar el cambio mayor.