miércoles, 11 de septiembre de 2013

A 40 años del golpe ¿Por qué seguir luchando desde el movimiento estudiantil?



 Por mucho que hayamos leído y escuchado la frase - A 40 años del golpe - no terminamos de indagar en todos los puntos en que ha repercutido. Debemos entender que esta fecha no fue un hito por si solo, sino que tiene una historia anterior y una posterior.

 40 años han pasado desde que el modelo neoliberal se instauró a la fuerza en Chile. La Educación perdió todo su significado social y la mercancía penetró en sus formas más horrorosas, llegando a instalarse como bien de consumo. El valor del individuo salió a relucirse brillantemente. Se pusieron entonces dos ideas en enfrentamiento: la del individuo contra todo obstáculo, contra todo conjunto de individuos organizados que pudieran impedir alcanzar un desarrollo personal y, por otro lado, la lucha del pueblo entero por defender lo que se le estaba arrebatando, el derecho al desarrollo como sociedad.

 Una nueva sociedad implicaba nuevas formas de relacionarnos en un sistema donde la interacción cooperativa de las partes rindiera más frutos que el desarrollo potencial de cada una. Estas formas serían la clave para asegurar los derechos para todos. En ese sentido pueden visualizar dos caminos o formas: Ya sea la de un Estado asegurador de estos derechos desde una vía democrática institucional o desde una vía más periférica donde el pueblo mismo es protagonista de la construcción de estos derechos, llamémoslo autogestión o Poder Popular. Es importante señalar que en los años de la Unidad Popular, entre 1970 y 1973, estas vías no eran excluyentes y faltaba mucho para que alguna de las dos se fortaleciera lo suficiente como para extinguir a la otra. La promulgación de la constitución de 1980, redactada autoritariamente era incapaz de representar en lo más mínimo una soberanía popular y terminaba de dilapidar así, entre otros, uno de los casos más simbólicos en cuanto a su proyecto de sociedad y el correspondiente desmantelamiento forjado por quienes veían en esto la posibilidad real de la pérdida de su poder.

El caso de la Educación, lo que era.

 La educación hoy debe cumplir el rol de derecho, entendido como un proceso dinámico de adquisición de conocimientos y herramientas que permiten construir a un individuo, a partir de la reflexión que nace de la toma de conciencia de la comunidad que se integra a la institucionalidad, en algunos casos esenciales. Permitiendo en un intercambio continuo, una vida colectiva. Esto en concreto significa que las comunidades sean una parte activa y protagónica en todo momento, desde la definición de la formación y el curriculum a través de la gestión hasta la elección de personalidades representativas y la toma decisiones de la institución, permeabilizando el acceso a esta.

 A fines de los 60 se venía gestando la reforma. Fue precisamente en la Universidad de Chile donde se empezó luchando contra el autoritarismo, figuras de autoridad heredadas de antaño. Esto dio paso a una crítica propositiva, como la defensa del rol de universidad y su vinculación con la comunidad. La reforma se encaminaba a abrirse a esos espacios, a ir conquistando una participación horizontal. Se estaba en pie de ampliar una universidad para todos y entregar ese poder al pueblo, el poder de un conocimiento libre y emancipador.

 Y así, la democracia avanzaba a pasos agigantados a lo largo del país alcanzando, en la reforma del 71 de nuestra Universidad, un 10% de participación en el caso de los funcionarios y un 25% de los estudiantes a la hora de votar. Esto se representaba en los distintos organismos como el mismo Consejo de reforma, asambleas y plenos. Los estudiantes incidían desde dentro en las políticas universitarias, de esta forma a nivel nacional se estaba logrando aumentar la matrículas, ampliando el acceso a los distintos sectores y aumentando los recursos fiscales para estos fines, que ya no serían simplemente demandas, sino que se dirigían por fin a entregar, la herramienta de la liberación, la educación. 

 La facultad de medicina se abría para entregársela a los trabajadores de la salud, cumpliendo con el rol de sentido público o de simplemente educar a quienes lo necesitan para un fin colectivo. Se estaba superando la segmentación y segregación del sistema, y favoreciendo el acceso.

¿Qué sucedió?

 En lo concreto, el desmantelamiento de la educación pública: La apertura de nuevas instituciones y la reestructuración de las que ya existían. Nuevas universidades, cuyo proyecto nada tuviera que ver con uno de país y que estaban en manos de privados, crecían sin control gracias a la ‘’Libertad de Enseñanza’’. Lo mismo pasaba a nivel escolar con la creación de Colegios privados y subvencionados donde se legitimaba el lucro. Se perdió una descentralización eficaz al quitarle la autonomía y los recursos a los órganos municipales, que permitía vincularse más a las comunidades de cada territorio. Se fragmentó la Chile, disolviendo su proyecto y sustento económico público, obligándola al autofinanciamiento y la entrada al mercado. Los nuevos estatutos alcanzados en la reforma no llegan a materializarse. La instalación de nuevas universidades, todas privadas, no iba acompañada de un aseguramiento de su democracia interna, sino que todo lo contrario, se prohibe consagrado con el DFL 2 la participación de estudiantes y de funcionarios. 

 Se obligó a competir entre la educación pública debilitada y la privada, a la cual se le asignaban curiosamente más libertades y por lo tanto condiciones para desarrollarse.

 En lo valórico, esta obligada competencia dada no sólo por las leyes del mercado, sino también por la misma institucionalidad es una de las causas de consolidación de un sistema que no da respiro para poder pensar en una sociedad diferente donde la cooperación y la libertad de las personas sean el motor de nuestro desarrollo y evolución. En contraparte la búsqueda de la sobrevivencia a través del egoísmo y la satisfacción a corto plazo dan mayor sustento a lo que vivimos hoy. Ahora, bien sabemos que si un sistema impuesto  ha calado hondo y transgredido los valores, es necesario empezar a cambiar el sistema desde los misma matriz valórica y su consagración para hacer los cambios que permitan recuperar o construir la sociedad que queremos.


¿Alguna solución?

 Es necesario simplificar el significado del concepto de democratización, como el proceso en el cual la comunidad se hace parte de las decisiones que van a repercutir en ella misma.

 Definido ya que el problema está en la estructura del sistema como raíz, es ahí donde debemos atacar para acabar con él ¿Y cómo entonces? La táctica radicará en nuestro contexto particular y territorial, de ahí la importancia a hacer buenas lecturas acerca del momento en que  nos encontramos.

 Estos exige en primer lugar, superar las puras demandas y las prácticas peticionistas, no tiene un gran valor transformador, siquiera, el construir propuestas para entregárselas o reclamarlas a ‘’quienes saben’’ y ostentan el poder, pero que nada hacen para cambiar las coas. Así, no es por puro capricho que se rechaza esta vía, sino porque somos nosotros quienes conocemos nuestro espacio y territorio, quienes participamos de él. No depende de nadie más que nosotros. Empezar a gestar desde ahí la autonomía e independencia de este Estado que además de ser por esencia un ente rígido -reflejado en la estructura universitaria- hoy y desde hace años está controlado por gobiernos que tratan de fortalecerlo más para sus intereses. Esa es nuestra tarea, desestabilizarlo a la vez que las comunidades se van empoderando e independizando, desprendiéndose de las jerarquías autoritaristas para a largo plazo acabar con su dependencia, una ganada que se da de facto y jamás por la acogida de un petitorio que irá a llenarse de polvo. He ahí el error en el que siempre se tiende a caer en los procesos acotados de movilización.

 La tarea está clara, nada de lo que nos robaron ha sido devuelto, los mismos ideales por los que miles murieron y desaparecieron en plena lucha siguen vigentes. Pero hoy no vamos a seguir gritándole al viento, hoy depende de nosotros y de nadie más que nosotros mismos el recuperar y de una vez por todas instalar en cada uno de los niveles nuestro proyecto liberador de sociedad. Esto es posible, sólo hay que abrir los ojos a lo que alguna vez fue, hoy encontramos esos anhelos en cada uno, somos la generación sin miedo, la que creció en plena fortificación de este sistema y que sin haber vivido el hito y proceso del retroceso sabemos lo que hay que hacer para alcanzar el cambio mayor.

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